Cosas que sólo pasan un día como hoy

7 de enero. 10 de la mañana.

Hace días que desconecté la alarma del móvil y por primera vez en un año, la luz del día me ha despertado.

No puede ser” – me digo- “¿y este silencio?

Por un momento he pensado que los niños estarían durmiendo después de los nervios, madrugones y ajetreos que los Reyes Magos han traído en la última semana a esta casa… pero en cuanto he conseguido abrir los ojo, la idea ya me parecía tan improbable como que me estuvieran haciendo el desayuno.

Me desperezo y tras comprobar que nadie duerme, aumenta mi curiosidad por tanto silencio. Los descubro jugando… sí, sí, jugando en silencio y sin discutir.

El mayor está concentradísimo montando su nuevo LEGO de más de 1.000 piezas y la chiquitina está tomando el té con sus muñecas en el suelo, mientras les enseña el resto de regalos que los Reyes le trajeron ayer.

Con todo el miedo del mundo a romper el embrujo, les doy un beso de buenos días y les preparo el desayuno.

Me siento delante del ordenador y empiezo a notar que el día va a ser muy raro.

Agenda Moleskine

La bandeja de entrada ha alcanzado su actividad habitual y comienzan a caer emails: unos cuantos mensajes de “feliz año” en modo newsletter que, al igual que los cientos que llegaron felicitando las fiestas, ni siquiera abro.

Os podéis imaginar que mi alter ego, bloguera de belleza, recibe más de 50 emails con la palabra detox y otros tantos de buenos propósitos.

Pocas agencias muestran empatía con las que somos madres… para nosotros las vacaciones no han acabado. Hasta el 11 de enero tenemos a los niños en casa, el árbol encendido y restos de serpentinas y papel de regalo que ayer con la emoción saltaron por los aires, por todos los rincones de la casa.

Intentamos comenzar a comer sano, pero con esa flexibilidad tan característica que tenemos las madres, no pasa nada si hoy desayunamos roscón o nos tomamos ese polvorón que quedó escondido debajo del paquete de pan integral…

La cabeza de cualquier madre días como hoy da muchas vueltas. Por un lado estás impaciente por comenzar a cumplir propósitos, por otro quieres que estas fiestas no acaben nunca… por un lado te apetece poner orden en casa y por otro, las fuerzas flaquean después de tanta actividad…

Así que luchas contra esa prisa generalizada por empezar con todo que parece haberse apoderado de la sociedad y, al igual que aguantas sentada en el cine cuando comienzan los créditos observando atónita como la gente se va , te aferras a la navidad, a las manualidades y a ese dolce far niente, mientras intentas contestar correos, actualizar los blogs, y trabajar con Austin y Ally de fondo… intentando protegerte a ti misma y a los tuyos de ese “The End” que parece querer acabar con la Navidad antes de tiempo. Eso sí, trabajas en silencio y casi casi moverte, no se vaya a ser que des un paso en falso y se rompa el embrujo…

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